¡Chávez es historia, compadre!
LUIS ALFREDO RAPOZO.
Se olvidaron de sus propios seguidores, que ya comienzan a alzar su voz pidiendo claridad y transparencia sobre la enfermedad de un hombre que no habla, aunque lo ponen a hablar 20 minutos como un muñeco de ventrílocuo y que solo escucha el Vicepresidente; se olvidaron de una nación expectante, la cual se come diariamente los cuentos sobre firmas en color rojo, que van y vienen como un juego de barajitas en el nombramiento del Canciller y partidas “Express” para salir de un aprieto u órdenes al Ministro de Minas para que acuerde con los chinos y rusos, negocios súper importantes en la soberanía nacional, como si fuera la compra-venta de un carrito de tercera para un taxista necesitado.
¡Pena, penita, pena! -cantaba mi padre- , es lo que damos con un Vicepresidente, que si bien es cierto que se ha curtido políticamente y presenta un “sortario” ascenso social, económico y político, es evidente que no calza los zapatos de un estadista, ni de un hombre preparado para administrar un país, así el ciudadano Presidente lo haya considerado de esa manera, pero no me cabe la menor duda que es un “pelón” histórico de magnitudes infinitas y por supuesto, difícilmente aceptable, como un trago amargo: en vista que estará en sus manos, el destino de 29 millones de personas. Si Maduro fuera más humilde, tal vez alcanzaría un éxito sorprendente, escribiendo un best seller “De chofer a Vicepresidente”, pero el hombre tiene mayores aspiraciones, para desgracia de todos. “Hay que aceptar las limitaciones, tal como el Papa Benedicto nos ha enseñado”, me dice Nemesio Paraqueima, en el pueblito de El Hatillo.
Lo cierto, es que el deseo de ayudar a los pobres de parte del presidente Chávez requiere mucho detenimiento. Si hay algo que todos los venezolanos debemos apoyar es precisamente buscar soluciones a las injusticias históricas, atendiendo los asuntos sociales, habitacionales, sanitarios, culturales, educativos, y productivos que presentamos desde siempre: eso no tiene discusión. El asunto es el cómo. ¿A costa de qué nos endeudamos y precipitamos el país en lo absurdo? Siempre lo digo: altos precios petroleros, la gasolina regalada, pero endeudados y con carencias, escasez de productos, baja inversión, desempleo y controles por todos lados, que evitan el crecimiento productivo y una moneda fuerte.
En 10 años hemos tenido 6 devaluaciones espantosas que han incidido en una inflación permanente; no tenemos planes de inversión, tampoco tenemos instalaciones industriales modernas, ni recientes; hemos perdido mercados, somos importadores y no podemos competir en MERCOSUR con nadie.
Por eso estoy de acuerdo con Nemesio Paraqueima -montado en su curiara-, cuando me grita: ¡Chávez es historia, compadre!
COMENTARIO COLOCADO EN EL DIARIO EL TIEMPO Y SU DEBIDA RESPUESTA
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