Entre enfermo y maduro.
LUIS ALFREDO RAPOZO.
14/12/12
No es agradable escribir sobre la salud del Presidente Chávez cuando se procura tratar ese tema con mucha prudencia. No se quiere caer en terrenos de confrontación de sentimientos ni herir subjetividades que están a flor de piel. Sin embargo, es un tema que está sobre el tapete y la única manera de no hablar sobre el asunto es ponerse gringolas, engraparse la lengua o enyesarse las manos: Todo el mundo opina sobre el drama de salud que atraviesa el muchacho de Sabaneta, en cualquier parte donde uno meta la cabeza y el canal del Estado es el primero que mantiene melosos videos que hacen llorar hasta al perro de la casa, todo divinamente acompañado con comentarios rabiosos contra la oposición. Es obvio entender que ello estimula el pensamiento de propios y extraños colocando al enfermo en el ojo del huracán de toda la población, en grado de sobre exposición.
El asunto de la enfermedad del presidente se ha manejado muy mal; dejando lagunas en la información que necesariamente despiertan el monstruo del comentario negro, que se cuela por los pasillos como un fantasma chismoso que va y viene, cual reportero del corazón. Lo primero que se me ocurre decir es que se entiende que Chávez nunca se curó totalmente como él dijo en algún momento y por ende no debió participar en la contienda electoral teniendo su salud en alto riesgo. Es absurdo meterse en la cueva del lobo si no se puede correr. De tal manera, que esa decisión , ahora nos involucra a todos en una situación desagradable y coloca al país en un estado de postración y paralización de la vida como si se cayera en el limbo y comenzamos a dar vuelta tras vuelta sin poder salir a corto plazo, colocando el país peligrosamente en la incertidumbre.
Dicho lo anterior, uno siente que el año 2013 comienza a ponerse más negro de lo que venía enseñando. Si bien el asunto económico estaba adueñado del futuro inmediato con pronósticos difíciles en la toma de decisiones para enfrentar la inflación, devaluación de la moneda, improductividad, paralización de la economía, desempleo, precio de la gasolina, entre otros asuntos delicados; ahora, tenemos que el asunto político se crece tenebrosamente más de lo soportable; mostrando un presidente enfermo y un Maduro, sustituto “ a dedo” que se muestra intolerante, agresivo y hasta obtuso para entender el momento que se vive, dejándose llevar por la simpleza populista y el sentimiento casero que lo aleja de la visión que debe tener un estadista.
Finalmente, hay que entender que la dinámica de la circunstancia es muy rápida. No se ve con claridad lo que pueda pasar en Venezuela. Incluso la salud del presidente es un misterio. Y se entiende que cualquier cosa puede suceder y que nadie está seguro en su isla, nada está escrito y en estos momentos la decisión que sale de los votos marcaría una pauta, sin embargo esperamos que surjan líderes que entiendan el país y asuman su responsabilidad para corregir el rumbo signado por el caos, que asemeja un hospital en crisis profunda...
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