miércoles, 16 de enero de 2013

“Suponte tu que...”

“Suponte tu que...”
LUIS ALFREDO RAPOZO.

-Suponte tu que el presidente Chávez “estiró la pata” hace varios días y que nos tienen engañados como si fuéramos niños, inocentes criaturas que le dicen cualquier cosita para que se coma la sopita o no se le ocurra salir de la casa en la noche –le decía la maestra Isabel Marcano a mi compadre Juan Maracapana-”. Entonces Juan abría sus ojos de indio karina como si le estuviesen echando un cuento del silbón o “del hombre sin cabeza” que sale a asustar a la gente bajo una noche sin luna y de esa manera el pobre de Juan se queda mudo, sin poder pronunciar una sola palabra.

“Suponte tu que el hombre está muerto chico, como pasó alguna vez con el General Juan Vicente Gómez, quien murió y le estiraron la fecha para que coincidiera con la fecha de muerte del mismísimo Libertador y así hacer un mito impresionante de que ambos hombres nacieran y murieran en la misma fecha para tratar de crear una especie de hombre elegido por el destino y que bañara con su manto a todos sus seguidores políticos, procurando extender un poco su permanencia en el Poder…”-seguía exponiendo la profesora Isabel como si estuviera inspirada y encontrando un misterio que parece velado, oculto tras una cortina de perfidias de nueva era-.

Juan reacciona como si le hubiesen tirado un vaso de agua fría en el rostro y se sentía dentro de una telenovela de suspenso viviendo intensamente el drama e imaginándose el cadáver del desafortunado Presidente, conservado como si fuera un pescado salado o quizás usando los últimos avances de la genética o de la chapucería funeraria en una cava de congelamiento-.

“-¿Y usted cree profesora Isabel, que la familia del hombre se  va a prestar para eso?-preguntaba Juan tratando de conseguir una lógica en el planteamiento que tuviera un piso real; que se fundamentara en una posibilidad cierta. Yo no creo que sus familiares se presten para semejante comedia y engañar a tanta gente en Venezuela y  el mundo, porque solamente de pensar que eso es cierto y se llegara a descubrir, entonces tendrían que esconder la cabeza debajo de la tierra, como hace el avestruz y evadir de esa manera la inmensa torta que estarían poniendo ante la Historia”.

“-Interesante-le respondió la maestra Isabel-, pero…suponte tu que la cosa se parece más bien a una película americana donde entran en juego los intereses cubanos en seguir recibiendo ayuda de Venezuela y le interesa que sigan gobernando y suponte tu también que los bolivarianos le venderían el alma al diablo para atornillarse en el Poder, lo cual explica las firmas extrañas de Chávez nombrando de canciller a Jaua; las ordenes de que hagan esto y aquello, además de los dimes y diretes que “Chávez mandó a decir esto y aquello, pero no aparece por ningún lado…”

“! Ay, profesora todo este asunto parece una novela de los años sesenta en Cuba, como aquella que se llamaba “El derecho de nacer” que duró como tres años y mantuvo a la audiencia pendiente de saber quién era el padre del protagonista y que a la postre era millonario y le dejó toda su fortuna y entonces se pudo casar con la linda mujer millonaria de quien estaba enamorado perdidamente!”-le dijo Juan-.

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